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El Autoengaño

“Mañana me pongo a estudiar”, “hoy me acuesto antes”, “te prometo que tardo cinco minutos”, “ahora mismo te llamo” o “no fui yo, fue su culpa”. ¿Te suena de algo? Estas frases se repiten más que el ajo y todo por nuestra tendencia a autoengañarnos. Sí, has leído bien, el autoengaño existe y lo hacemos prácticamente cada día. Hablando en planta: nos mentimos como bellacos.

Y, ¿por qué lo hacemos?

Pues por muchas razones pero fundamentalmente porque…

Preferimos esquivar la realidad y evitar ciertos aspectos que nos parecen desagradables. Ojos que no ven, corazón que no siente. Nos autoengañamos porque pensamos que es mejor ponerse la venda del color que más nos guste para no enfrentarnos a una realidad que puede doler mucho.

Y además, según Robert Trivers, profesor de la Universidad de Harvard, nos permite mentir mucho mejor a los demás. No hay nada como creerse nuestras propias palabras para que nos crean los demás. Eso y que cuando mentimos, nos ponemos nerviosos, nos tiembla la voz, se nos desvía la mirada… Nuestro cuerpo emite ciertas señales que alertan al receptor de nuestro mensaje de que estamos mintiendo.

Autoengañarse no es más que disfrazar una mentira de verdad. Así sencillamente, no nos pillan.

Y cuidado, porque el autoengaño también nos sirve para vernos mucho mejor de lo que somos. Los filtros de Instagram, los retoques en Photoshop o echarnos 50 cremas reafirmantes al día nos ayuda a convencernos de que somos mucho más guapos, más delgados o más lo que sea. Pero no somos nosotros.

Esta táctica construida en nuestra mente también nos sirve para echar balones fuera. “Yo te fui infiel pero tú tienes la culpa por pasar de mí”. Es mucho más sencillo echarle la culpa a otra persona que reconocer y asumir nuestros errores. Y todavía más complicado es pedir perdón.

Excusas, excusas y más excusas. “Habíamos quedado a las 9 y son las 11” y su respuesta es: “es que no he mirado el teléfono”. Fantástico. Meter la pata hasta el fondo a veces viene de la mano del autoengaño. Te echas la culpa a ti mismo pero de una manera muy sutil, intentando justificar un hecho con el fin de quitarle hierro.

Aunque en ocasiones… el autoengaño parece una buena opción ya que sacamos muchos beneficios. Trivers defiende que a la hora de conquistar a una persona, te vendes como si fueras alguien maravilloso… hasta que obtienes lo que quieres. ¿El fin justifica los medios? Para algunas personas, como sabréis, sí.

Después de esto… no olvidéis que quien os diga que no ha mentido en su vida ya os está mintiendo. Y se está mintiendo a sí mismo. Pero claro, es muy complicado aceptar que mientes: la mentira está muy mal vista. ¿No os dais cuenta?

¡El autoengaño está por todas partes!

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